A Sala Llena

Proyecto X: Fiesta Fuera de Control (Project X)

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Proyecto X: Fiesta Fuera de Control (Proyect X, EE. UU., 2012)

Dirección: Nima Nourizadeh. Guión: Matt Drake, Michael Bacall. Producción: Todd Philips. Elenco: Thomas Mann, Oliver Cooper, Jonathan Daniel Brown, Kirby Bliss Blanton, Dax Flame, Brady Hender, Nick Nervies, Alexis Knapp, Miles Teller. Distribuidora: Warner. Duración: 88 minutos.

Desde la aparición de James Dean y sus conflictos en Rebelde sin Causa, Hollywood nunca dejó de lado a los adolescentes. Sobre todo, cuando se divierten a lo grande, como sólo puede hacerlo alguien de esa edad. Y así aparecen las estudiantinas repletas de excesos varios. Desde Porky’s, en los ’80, hasta Supercool, pasando por American Pie, las películas con teenagers reventados nunca dejaron de ser desopilantes.

Ahora llega el primer gran exponente de la nueva década: Proyecto X: Fiesta Fuera de Control.

La historia es conocida: Thomas (Thomas Mann, nada que ver con el autor de La Montaña Mágica) cumple 17 años, y decide festejar. Pero no hacer una reunión para amigos íntimos, sino una megafiesta capaz que catapultarlo a él y a sus amigos Costa (Oliver Cooper) y (Jonathan Daniel Brown) al Monte Olimpo de los populares del colegio. Tras un exhaustivo  marketing viral, y luego de los preparativos correspondientes (como comprar marihuana y robarle al dealer el gnomo de jardín que, como descubrirán más adelante, contiene pastillas de éxtasis), llega la noche. ¿Y qué sucede? Sucede el festejo más grande, salvaje y alocado, donde no faltan alcohol, chicas espectaculares, drogas, tetas, bromas pesadas, culos, piñas, música a todo volumen, sexo…

Esta vez, lo novedoso es la manera de contar la historia: igual que si fuera un falso documental, recurso que tantas alegrías le da al cine de terror y de ciencia-ficción. Quien filma cada movimiento de los protagonistas es un muchacho dark bastante misterioso, y sus filmaciones se complementan con las cámaras digitales usadas por otros personajes. Tal como lo demuestra el éxito de Poder sin Límites, esta técnica parece lejos de agotarse, y siempre será atractiva si se la usa con inteligencia y al servicio de un buen guión.

La temática la acerca a Ya No Puedo Esperar, comedia juvenil que transcurre en una noche de festejos. Pero las películas de fiestas son innumerables: Despedida de Soltero, con Tom Hanks; la co-producción argentino-chilena La Casa por la Ventana, y el que sigue siendo el ejemplo más emblemático: La Fiesta Inolvidable, del inolvidable Blake Edward, con el inolvidable Peter Sellers.

Aunque Todd Philips no dirigió y sólo produjo, se nota el sello que caracteriza sus obras, como ¿Qué Pasó Ayer? y su secuela: humor escatológico, personajes que quieren pasarla muy bien, destrozos varios (muchos, en realidad: autos, casas, un vecindario entero) y una subtrama romántica: Thomas ama a Kirby (Kirby Bliss Blanton), su amiga de la infancia, pero desea a Alexis (Alexis Knapp), la diosa del curso.

Como habrán notado, el elenco no está compuesto de estrellas, lo que ayuda a darle más credibilidad al asunto. Sin embargo, hay tiempo para un cameo de Martin Klebba, el bajito actor que participó en Piratas del Caribe: La Maldición del Perla Negra y dos de sus secuelas. Aquí tiene el dudoso privilegio de ser encerrado en un horno (“Hay un enano en el horno” debería figurar en toda antología de las mejores frases del cine), aunque luego se desquita golpeando a quien se le cruce.

Al mismo tiempo, y como casi todas estas películas, se aprecia cómo funciona la sociedad estadounidense ya desde la escuela: si no sos uno de los populares, sos un nerd o un raro, y eso te convierte en el principal destinatario de las burlas y los golpes. Pero claro que los cerebritos o impopulares siempre tienen un as bajo la manga…

Además de instaurar una nueva franquicia (ya se confirmó la realización de la segunda parte), Proyecto X: Fiesta Fuera de Control es quilombo a la enésima potencia. Nunca verán en la pantalla —ni en la vida real— una fiesta tan épica y definitiva. Desearán haber estado allí…. u organizar alguna fiesta parecida (Si lo hacen, acuérdense de invitarnos).

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El esteriotipo de la pavada

Hay películas que solo se hacen con fines comerciales, que su único interés es llegar a un público determinado y así generar una interesante recaudación, para lo que se dejan de lado la creatividad, el cine y el arte.

Proyecto X de Nima Nourizadeh narra como un grupo de cuatro adolescentes: Thomas (Thomas Mann), Costa (Oliver Cooper), J. B. (Jonathan Daniel Brown) y Dax (Dax Flame)  organizan la gran fiesta para el cumpleaños del primero aprovechando que los padres de este se encuentran de viaje.

A todo esto, la premisa es que el evento sea el más loco y épico de todos los tiempos. El tema es que el film tiene todos los estereotipos que puede llegar a tener. Películas como Porky’s de Bob Clark, American Pie de Paul Weitz o Viaje Censurado de Todd Phillips han ido formulando una especie de subgénero de comedias adolescentes, pero la cuestión es que Proyecto X es tan obvia que se intuye todo lo que se puede llegar a ver: alcohol, drogas, chicas semidesnudas, cantidades industriales de insultos y un gran descontrol. El film es tan patético que hasta por momentos da risa, no por la comicidad que intenta proponer, sino por su ridiculez en todo sentido.

Generalmente este tipo de films resultan obtusos narrativamente y vacíos a nivel visual, pero en el caso de la película de Nourizadeh se rompen todos los esquemas: cada frase o acción de los personajes es repetitiva, como siempre dando la sensación de ya haber visto eso en distintas oportunidades anteriores, ya que el relato no esquiva la dicotomía entre los populares y los loosers, las cargadas, los actos grotescos o el abuso de acciones tontas. Pero lo peor se encuentra en el plano estético, más que cine, Proyecto X tiene el aspecto de un largo video clip enlazado con el aspecto de un reality show, se puede observar una imagen sucia y desencantadora como ruidos ostentosos y encuadres absurdos. Con esto no se quiere decir que esta película pretenda ser artística o que debería serlo, pero tampoco puede estar tan alejada de lo que comúnmente se puede apreciar como al menos correcto.

Proyecto X es un film sin sentido con una carencia argumental tan grande como la fiesta que organizan los protagonistas, el cual seguramente atraiga a una masa adolescente consumidora de este tipo de películas, las cuales les intentan inculcar utópicas ideas de la diversión suprema, aunque lo único que propone es una inmoralidad hasta por momentos patética. Una verdadera pavada.

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