A Sala Llena

Suceso Latente

 

Suceso Latente

Dramaturgia, Escenografía y Dirección: Cristian Martínez. Asistente de Producción: Keila Reynoso. Diseño de Luces: Florencia González. Elenco: Iris Balmaceda, Mario Yadjhian, Luz Román. Prensa: Del Borde.

Caja de Sorpresas

Hay obras que ni bien empiezan, uno puede vislumbrar por donde van a ir. Lo previsible no siempre es malo. Si hay una estructura sólida detrás y buenas interpretaciones podemos encontrarnos ante un material muy interesante para los sentidos. Pero sin duda, son aquellas obras que sorprenden continuamente, que se enroscan de forma tal que cuesta deslucidar para donde se van a mover, las que quedan grabadas.

El caso de la primera obra de Martínez tiene ese espectro. Es una obra que uno no puede anunciar cuál va a ser la próxima jugada de sus intérpretes. ¿Cuándo el engaño es engaño, y cuando lo que pensamos que fue un engaño se convierte en realidad?

Así es Suceso Latente

Lo primero que nos llama la atención en la puesta en escena minimalista es una caja cuadrada que está en el piso, una de las actrices en primer término espacial en un estado de completo autismo y un hombre en ropa interior, imitando a Sandro.

¿Costumbrismo? ¿Surrealismo?

Pronto vamos a empezar a conocer la tempestuosa relación amor-odio entre Raúl e Irene. Ella ya no lo soporta a él. Él, en cambio parece amarla con locura. Ella es hosca, él cálido. Ella joven, él no tanto

En el medio, y su aparición se da en forma paulatina, tenemos a Raquel. Una ex amante de Raúl, que se convertirá en una especie de cómplice de Irene en realidad.

Suceso Latente es una obra de la que no vale la pena adelantar mucho del argumento porque se pierde el factor sorpresa, el factor imprevisible.

Si bien es posible, llamarlo acumulación de golpes de efecto, Martínez logra una armonía y dinámica entre el trío interpretativo que ubica a la obra en la paradoja de una melodrama oscuro, pero ridículo a la vez. Absurdo.

La puesta escenográfica es limitada, pero cada objeto cumple una función dramática. Nada está puesto como una parte más del decorado, sino que aporta cualidad narrativa. Ayudan a que el relato progrese y el espectador puede involucrarse más con las acciones de cada personaje. Porque, en parte ese es el misterio a develar. ¿Quiénes son estos personajes, porque llegaron a esta situación? ¿Qué les ocurrirá de ahora en adelante?

Martínez tiene una visión claustrofóbica de la relación en pareja, donde la comunicación es la principal víctima. Cada personaje sufre por haber sido egocéntrico y no escuchar a su pareja.

La iluminación puntual sobre cada uno de los intérpretes permite que se destaquen en su propia esfera.

Cada actor tiene su brillo propio. La austeridad e histrionismo de Balmaceda son compenetrantes. Impacta por su energía y su esfuerzo emocional. Por otro lado, Mario Yadjhian, vulnerable y frágil sentimentalmente, es la verdadera caja de sorpresas de la obra. Es imposible adivinar los actos del personaje, y el carisma del actor, permiten digerir un personaje molesto, incómodo, pero con una elegancia propia. El trío se completa con Luz Román como Irene, un personaje inesperado, siempre divertido y honesto. Román aprovecha cada parte de su cuerpo para lograr un sutil diálogo con el resto de los personajes que contrasta con lo que expresa verbalmente. El movimiento de sus ojos, en donde se puede leer cada pensamiento del personaje captan inmediatamente la atención. Hipnotiza su mirada y su gracia innata para actuar.

Del Borde es un teatro que se anima a experimentar y darle una oportunidad a un teatro diferente, que no se ata a estructuras clásicas, siempre dispuesto a sorprender. Esta no es la excepción.

Teatro: Del Borde – Chile 630

Funciones: Domingos 17 y 24 de Julio 20:30 Hs

Entrada: $50 / $30

 

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