A Sala Llena

Un Mundo Misterioso (Reestreno)

Un Mundo Misterioso (Argentina, 2011)

Dirección y Guión: Rodrigo Moreno. Producción: Natacha Cervi, Hernán Musaluppi. Elenco: Esteban Bigliardi, Cecilia Rainero, Rosario Blefari, Leandro Uria, German de Silva, Hernan Oviedo, Lucrecia Oviedo. Prensa: Lola Silberman. Duración: 107 minutos.

Crítica previamente publicada con motivo de exhibición en el 13º BAFICI.

Honestamente, se trata de un verdadero misterio porque Moreno hizo esta película. Una parodia a la falta de ideas, de ingenio para crear “algo”, un producto, una película en sí. Realmente me había gustado mucho El Custodio, pero Un Mundo Misterioso me decepcionó.

No quiero ser cruel y reproducir en forma catártica todos los sentimientos encontrados que me produjo el film. Si hay críticos que creen que los Coen se burlan de ellos, lo cuál, creo yo, es imposible, acá Moreno hace lo mismo. Cuesta mucho hacer un film en Argentina, pera hacer uno sobre “la nada” y lo que es peor, admitirlo… O sea, ¿estamos hablando de un personaje solitario, inutil, patético en la relaciones amorosas o solamente de un pibe que no sabe que hacer y anda pregonando a favor de la vagancia con pretenciosidad? Esto no sé si va para el personaje o para Moreno. Lo que es verdad, es que se trata de una película que no es aburrida por lo misteriosa que es, y como nunca se justifica que dirección quiere tomar el personaje, Moreno y asociados, sacaron como conclusión que todo se trata de una gran chiste interno, del que me quedo ajeno, alienado, sobre un grupo de gente pretenciosa que disfruta “no saber que hacer con su vida”. ¿Hay romance acaso? ¿Hay ideas? No. Solo una gran actuación de Esteban Bigliardi tratando de comprender con esfuerzo a este personaje. No me gustó la mirada sobre las mujeres (se cuela un peligroso mensaje subliminal subestimando la inteligencia femenina), no me gustó la mirada fuera del ambiente social del protagonista, hipócrita, etc y además pienso que Moreno tomó lo mejor del cine de Rejtman, pero solamente a nivel superficial. Visualmente tampoco es atractiva, parece retrasar mal 20 años.

Rodrigo, si estas leyendo esto, te digo que no entendí tu película. Te pido disculpas si soy hostil, pero honestamente no me gustó para nada. Leyendo una entrevista, me dejaste en duda si vos mismo la entendiste y espero, que tu próximo proyecto sea mejor y podamos recuperar al gran realizador de El Custodio.

 

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Postales vacías.

Exhibida en el Festival de Berlín y en el último BAFICI, Un Mundo Misterioso, la segunda película de Rodrigo Moreno, implicaba en la previa una examen considerable para el director, cuya opera prima El Custodio se había destacado principalmente por la impecable performance de Julio Chávez. La cuestión era comprobar hasta dónde podían llegar las aspiraciones de Moreno sin contar con semejante protagónico. El resultado final en este caso no repite el éxito de aquel debut, sino que parece reposar en una cómoda abulia.

Boris (Esteban Bigliardi) convive junto a su novia Ana (Cecilia Rainero) en el departamento de ella. Un día recibe ese ultimátum tan famoso como incomprensible: “Necesito tiempo”. De repente, su vida se vacía de todo contenido. Los días de un verano agobiante pasan sin más. Librado a su suerte, pateando la ciudad de un lado a otro sin rumbo determinado,  Boris fuma, se instala en un hotel de pasajeros y compra un viejo automóvil soviético medio destartalado. Mientras maneja en medio de la ruta, el coche se le pianta. Una vez en la ciudad, va a la librería de usados en busca de algún best seller barato de los que devora para matar el tiempo y se encuentra con unos conocidos que lo invitan a una fiesta. Esa noche termina a los besos con una chica. Anotación de celular mediante, quedan en encontrarse en Uruguay. Obviamente eso tampoco llegará a buen puerto. “¿Por qué no paramos con esta actuación y volvemos a estar juntos?” le plantea Boris a Ana durante un breve encuentro en un bar. El problema es que él no sabe actuar de otra manera. Persigue mujeres desconocidas por la calle para recuperar aquello que tuvo y ya no tiene. No entiende lo que le pasa, no entiende el nuevo mundo que lo rodea ni se esfuerza por hacerlo.

El film se va vaciando de contenido paralelamente a la vida de Boris. Pronto todo se convierte en una sucesión de tiempos muertos. Hasta la cámara parece aburrirse del andar errante del personaje, ya que por momentos se cuelga en la observación de los extraños y los objetos. Si hay algo que Un Mundo Misterioso ilustra con éxito es el absurdo panorama de una vida de treinta y pico subsumida en el divague y el sinsentido. “Al final no pasa nada. ¿Por qué tendría que pasar algo?” le pregunta retóricamente el vendedor de la librería a Boris acerca de la resolución del libro que este está por comprar. De conocer mejor a su cliente, tal observación no hubiera sido necesaria.

La propuesta de Moreno sufre por una flaqueza demasiado notoria como para ser ignorada: su duración. La última media hora es un bloque de imagen tiempo gris y sin matices. En esta instancia el relato podría terminar en medio de un diálogo o continuar por horas, sin registrarse el más mínimo cambio. En la última escena Boris cae en lo de Ana justo cuando ella está por escuchar un disco de Gardel. El cuadro se fija en el tocadiscos, y así se quedará hasta el final de la canción (y del film). ¿Volverán a ser pareja? Imposible saberlo. Lo cierto es que si ese tiempo de ruptura en que consiste Un Mundo Misterioso le podía servir a su protagonista para evolucionar o madurar, esta oportunidad fue desaprovechada por completo. ¿Era necesario extenderse por casi dos horas para dar cuenta de ello?.

 

Por Julián Tonelli

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