A Sala Llena

Valiente, según Tomás M. Luzzani

Ante todo, la sinceridad. Lo admito: soy un “fundamentalista de Pixar”. Siento devoción por sus obras. Amo sus cortometrajes tanto o más que sus largos. No obstante, para todo crítico existe una responsabilidad ineludible, que se la debe no solo al lector sino también a la obra, y es la de tratar de analizar cada película por lo que es. Valiente es un estreno del 2012; no es Luxo Jr. ni Wall-E. Por lo tanto, no esperen un juicio nublado, un elogio automático o una declaración de amor, pero sepan que algunos tenemos una particular debilidad por la narración sincera, inteligente y sutil que caracteriza al estudio de la lamparita.

Al momento de sentarse en la sala, inmediatamente después de que terminan los trailers y la luz baja por completo, comienza un cortometraje. Aquel que está acostumbrado a ir al cine a ver los estrenos de Pixar no estará sorprendido, puesto que a partir de Bichos, cada film se acompaña por un corto de producción propia. Lo sorprendente de esta práctica es la consistencia en la calidad de las obras. El estándar del estudio no se limita a la película principal -por la que la gente paga la entrada-, sino que se extiende a las pequeñas obras que la preceden. A lo largo de los años, esos cortos han sido usados para experimentaciones, desarrollo de ideas o para foguear realizadores. Es imperioso explicar esto por dos grandes motivos. Por un lado, en esta ocasión, el corto se llama La Luna y es sencillamente maravilloso, un clásico instantáneo del “Pixar sin diálogos”. Por otro, porque Mark Andrews, director de Valiente, llegó por primera vez a las salas con One Man Band, el corto que acompañaba a Cars.

La historia de la princesa Mérida se origina con Brenda Chapman -directora de El Príncipe de Egipto- quien, luego de pasar por varios estudios con experiencias satisfactorias, ingresa al equipo creativo de Pixar cuando se comenzaba a trabajar en Up. Brenda traía consigo la idea de hacer este film, y lo comenzaron a trabajar con Steve Purcell y Mark Andrews. Una vez que el proyecto comenzó a tomar forma y a avanzar, Brenda se aleja por diferencias creativas, dejando a Andrews y a Purcell como los principales responsables de la obra. Esta es la causa de, tal vez, el único pero serio defecto que tiene Valiente, lo cual no implica poner en tela de duda el talento de la dupla -que ya había quedado demostrado-, sino que la historia se pensó para ser contada por una persona con un estilo distinto al que caracteriza a la factoría y al que pregona dicha dupla. A su vez, los marcados tintes feministas se escribieron con una mujer en la dirección.

Valiente es como su personaje principal: intensa, decidida y con algo claro para decir. Sin embargo, por más que algunos momentos destilen una creatividad admirable, la película carece de ese “Factor X” al que está acostumbrado el público cuando se sienta a ver una película de Pixar. Esto quiere decir que uno se encuentra con una protagonista bien delineada, personajes secundarios interesantes, un par de homenajes divertidos y una estructura muy sólida. El film se mantiene alejado de todos los defectos que plagan el cine de animación, especialmente el que está dirigido a los más pequeños. Nunca se subestima al espectador, no hay una línea de diálogo que esté de más, y las sorpresas se mantienen hasta el último segundo de los créditos.

Destaco, por sobre todas las cosas, el espíritu del film. La idea de una historia de princesas sin un príncipe azul es una bocanada de aire fresco para el género, sobre todo cuando está ejecutada con altura. Sin embargo, hay que destacar, de igual manera, que la película está mucho más cerca de ser la tercera parte de una trilogía Disney de princesas modernas, junto con EnredadosLa princesa y el sapo, que del encanto cinematográfico de la tercera parte de Toy Story. Tanto es así que cuenta con sus propios números musicales -como el de la princesa que cabalga en el bosque, al ritmo de una canción que nos habla de ella-.

Cuesta creer que una película de este nivel y con una protagonista con una personalidad tan fuerte esté tan alejada de la identidad del estudio que la produce. Es Disney hecho por Pixar, realizado con amor y cuidado hasta el más mínimo detalle. Y aunque no deje de ser un híbrido, el estándar de Pixar sigue intacto, como también su espíritu admirable, y sigue valiendo la pena sentarse en la sala y dejarse llevar, tanto los grandes como los más chiquitos.

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